a, antes de tener conocimiento sobre la Constitución de 1863 (Que no fué la única que habló sobre anticatolicismo, anticlericalismo, separación total de Iglesia – Estado, también sobre ellos hablaron las constituciones: Centro Federal de la Nueva Granada promulgada el 20 de mayo de 1853, y la de 1858 llamada Constitución de Rionegro) sabía que gran parte de nuestra realidad hubiera sido extremadamente diferente si esa separación se hubiese marcado desde –como máximo– 1863. Y es tal vez la Constitución de 1863 la que más goza de mi apreciación por ser la última hasta 1991 que separó indefectiblemente a la Iglesia del Estado.
Pero, esa separación en qué hubiera cambiado nuestra realidad?
Hubiéramos tenido un desarrollo económico más loable por el empuje que tal separación dispensa: “Si es verdad la apreciación del Evangelio según la cual hay una preferencia por los pobres, Dios nos resulta más presente en medio de nuestra pobreza que entre la riqueza de los desarrollados. En Estados Unidos y Europa hay una insatisfacción sicológica de que todo lo tiene en abundancia. Mientras tanto, nuestra gente pobre, a pesar de su pobreza, encuentra que la religión le suscita intereses y esperanzas de progreso, de cambio, de mejoramiento, de lucha comunitaria, de desarrollo” que a decir verdad no encuentra. De alguna manera pertenecer a un Estado clerical, acolita un comportamiento de poco esfuerzo, en la mayoría de la población que le integra y suele pasar que la mayoría de esa población, es pobre. Desde la época de San Agustín se dio dos tendencias en la creencia de Dios y fue que una corriente se inclinaba a pensar que Dios era misericordioso y al serlo no dejaba morir de hambre a la población que le siguiese, la otra, con el lema siempre de “El que trabaja no come paja” cuyo abanderado –mucho tiempo después- fue Estados Unidos, conscientes de la existencia de un Dios, creencia que no menoscababa sus ambiciosos intereses económicos a los que nunca abandonaron, por tener presente siempre la separación de la Iglesia. “Como lo es en Inglaterra y la Unión Americana, donde existe (El catolicismo) con independencia y no domina en la política”.
Es la Iglesia Católica la responsable de la sumisión económica en que hoy nos encontramos? Sí. Por un lado ella truncó los proyectos de modernización del presidente Carlos E. Restrepo. En efecto, el presidente Carlos E. Restrepo, (Burgués moderno, presidente de la República de Colombia para 1910) suscitó dos controversias: En primer lugar, propuso una educación moderna (Práctica, útil, no ligada a fines partidistas ni sectarios), en segundo, propuso la libertad de prensa, política que posibilitaría la divulgación de nuevas costumbres modernas que eran consideradas “Innovaciones peligrosas” –según la Iglesia- por lo cual ella condenó varios periódicos liberales y republicanos (La Linterna, El Espectador, El Tiempo, revista Colombia y otros). Éstas ideas promulgadas fracasaron en su intento por desvincular la intromisión de la Iglesia en la política del país, pero, al contrario, se fortaleció ese vínculo. “En una carta, Restrepo señaló que la Concentración Conservadora había vuelto a los peores fanatismos y que con sus sociedades católico-políticas intentaron lograr triunfos eleccionarios predicando sermones de excomunión a los que no votaran por el clero.” “El fanatismo religioso y político no ha causado sino males a la humanidad.”
La Iglesia Católica al truncarlos (Los proyectos de Restrepo) no generó –como es obvio – el anhelado desarrollo y en cambio dejó a la población en ruinas luego –algunas décadas después- de los sangrientos enfrentamientos por una causa –en mi concepto- nada justa. Desde 1910 empecé a ver el nombre de Laureano Gómez, como instigador y atacante a las ideas republicanas por medio del padre jesuita Luis Jauregui, aquél será posteriormente el propiciador de la violencia en Colombia. Por otro lado, la frase enemiga del progreso, que más adelante vuelvo a citar de José María Samper, cabe perfectamente en éste punto, dónde –a mi modo de ver- podemos intuir el comportamiento de un personaje según la estirpe de aquellos con quienes interactúa (Dime con quién andas y te diré quien eres): La Iglesia católica (Con los jesuitas) no puede llamar otra cosa que no esté dentro de los postulados que, indistintamente sean éstos perjudiciales y perversos o sencillamente altruistas, sus socios (Los godos) fundamentaron desde un principio. En palabras de José María Samper, la esencia del movimiento godo es: Tendencia “absolutista, enemiga del progreso y adversa a las instituciones republicanas, …“.
Es –entonces- la Iglesia Católica también la responsable del baño de sangre que se dio con posterioridad a 1910. Seguramente, de haber tenido vigente la Constitución de 1863 para esa época, no hubiera brotado el germen de violencia, característica en toda la primera mitad del siglo XX. Conclusión que hago, haciendo abstracción de los problemas críticos de guerra que tuvo la población colombiana en la época comprendida entre 1843 y 1903.
La separación total Iglesia – Estado garantiza la independencia absoluta de los partidos, o mejor que la Iglesia se inmiscuya en la política es inclinar la balanza a alguna de las dos fuerzas: “Toda comunión religiosa que se convierte en gobierno político, o se amalgama con algún gobierno, desvirtúa su objeto; corre el peligro de tornarse en tiranía o despotismo; rompe su propio título, que es la libertad misma del alma humana”. “Toda religión (…)…es virtualmente inofensiva para la sociedad civil,(…)en tanto que se reduce a ser religión y no sólo es inofensiva, sino benéfica en algún grado, por el hecho de mantener vivo un grande y fecundo sentimiento humano, y de servir como auxiliar de las leyes, en su calidad de correctivo moral y medio de organización de la familia y de las costumbres”. Éste pasaje me hace recordar a Nicolás Maquiavelo cuando escribió que la religión le servirá al Príncipe (Al Estado) en la medida en que ésta mantuviera al pueblo disciplinado y dentro de un marco que dejara al gobernante cierto margen de manipulación. En Colombia, el Príncipe dividido, perdió ese margen de manipulación y se dejó envolver por la Iglesia Católica. “Lo que es funesto, como causa permanente de complicaciones, como una cosa que desvirtúa simultáneamente la religión y la política, es que las iglesias sean gobiernos o tengan íntima alianza con los gobiernos políticos, ora sean ortodoxas o sectarias”.
Ahora que “Los pueblos, forzados a escoger entre una religión y un gobierno que son antagonistas, han acabado siempre por sacrificar a ese gobierno y mantener aquella religión; porque la religión es la fuerza más hondamente arraigada y resistente que existe en el organismo de las sociedades humanas”. La población no abandonó su religión –nunca se espera ello- y no sacrificó un gobierno, sino un partido, una ideología. No es fácil abandonar una religión, “el sentimiento religioso y la creencia en Dios y todas sus consecuencias, son tan connaturales en el hombre, que en rigor son la más alta y profunda expresión de su naturaleza y su destino” “No es lícito atacar aquello que la conciencia individual acepta, cree y profesa, en uso de su libertad, en tanto que la creencia profesada no sea ofensiva para el derecho de los que crean o piensen de distinto modo”. Diferenciemos, Religión es “puramente espiritual, mezcla de natural y divino: natural, el sentimiento humano, el religioso, que induce a creer, adorar, esperar y obrar conforme a lo que se tiene por Dios y ley de Dios; divino el cúmulo de revelaciones y dogmas, que los cristianos reputan como procedentes de Dios mismo. Eso es lo que compone la religión, creencia individual, hecho puramente privativo de la conciencia, que no tiene formas materiales ni afecta directamente a la sociedad civil.”, en tanto que Iglesia: “la comunión de creyentes organizada de cierto modo. Aquellas conciencias que tienen cierta fe, sienten que la comunidad de su creencia establece entre ellas un lazo de unión; creen necesario mantener un culto, unos ministros para servirlo, y alguna forma de autoridad que les mantenga unidos y les dirija hacia la consecución de sus fines religiosos; y para adquirir toda la fuerza de vitalidad necesaria, como cuerpo activo y creyente, se organizan conforme a ciertas reglas y constituyen sus poderes”.
Lejos de querer cambiar tan arraigadas costumbres (religión), siento un ánimo incontenible (alivio) al pensar que hoy por hoy, la Iglesia Católica ya no es, lo que fue a comienzos del siglo XX. “Para los colombianos la religión es el cuarto aspecto más importante de su vida después de la familia, el trabajo y el servicio al prójimo”…”El estudio muestra…que la mayoría de los colombianos dicen que son religiosos, creen en dios y consideran que éste es muy importante en su vida…la gente le dice sí a Dios y no a la Iglesia, aunque haya servicio de intermediaria”